10 consejos para una crisis de pareja

Artículo escrito para el blog de Ama Fuerte

En el día a día de una pareja es normal que haya pequeñas o grandes discusiones, malos momentos, algunos enfrentamientos e incluso alguna gran crisis. Son normales. No puedes tenerles miedo, ni pensar que sois los únicos que pasáis por ellas. Lo importante es que aprendas a gestionarlas. ¿Tú sabes cómo hacerlo? Te propongo 10 pasos.

19 de febrero de 2022

#crisisdepareja

1. No reacciones durante la tormenta: mejor espera a que pase

En la vida surgen muchas discusiones que, si se repiten, si se acumulan o se enquistan, pueden derivar en pequeñas o grandes crisis. Así que el primer consejo, el primer paso, es que intentes tener autocontrol en esos momentos y no reacciones de manera inmediata. No contestes, no discutas, intenta evitar una reacción desmedida en un momento caliente. Porque normalmente lo que se dice en caliente luego se saca de contexto, se malinterpreta, y puede abrir heridas que tardan en curar.

En esos momentos, es mejor callar y tener autocontrol. El problema habrá que gestionarlo, pero habrá que esperar a un momento de más calma, cuando pase la tormenta. De entrada, mejor espera.


2. Si el problema es grave, intenta hacer un parón

Si hay que hablar las cosas, siempre es preferible buscar el momento adecuado: bajar las revoluciones, bajar la voz y la tensión, dormir alguna hora más, pensar el frío y escribir las palabras que se van a decir antes de decirlas. Puede ser un fin de semana tranquilo, unos días sin niños, sin móvil y sin ajetreo. Todo aquello que te saque del fragor de la subjetividad del momento y te deje ver las cosas con más objetividad será una gran ventaja para gestionar mejor la pequeña o gran crisis.


3. Olvídate del “yo”

Olvidarte de ti mismo es una clave fundamental. Al egoísta le cuesta escuchar, le cuesta ponerse en el lugar del otro, le cuesta buscar lo mejor para el otro, o por lo menos para los dos. El egoísta busca la supervivencia y la aniquilación del otro. Y, como no se puede vaciar algo sin sustituirlo por nada, lo mejor es tratar de llenarlo del otro. ¿Qué piensa? ¿Por qué se siente ahora así? ¿Qué puedo hacer para hacerle más feliz? ¿Qué es lo que no funciona? Olvidarte de ti mismo es llenar tu mente de un pensamiento: ¿cómo puedo hacer al otro más feliz?


4. Ponte en su lugar

Una vez que te has vaciado de ti mismo todo lo que puedas y te hayas llenado de qué es lo mejor para conseguir que el otro sea feliz, ese es el momento de ponerte en su lugar: su trabajo actual, sus tensiones, sus heridas del pasado, sus preocupaciones… Proponte pensar tal y como pensaría el otro. Esa es la mejor forma de entender lo que le pasa y de saber por qué reacciona así, o por qué dice lo que dice.


5. Habla por los codos

Para airear los problemas, es necesario verbalizarlos, hablarlos, transformar los pensamientos en palabras. Los temas delicados se hablan con mucha delicadeza. Los temas complejos, se hablan con la máxima objetividad. Pero hay que intentar afrontarlos.

Si hablar las cosas os lleva a discusiones mayores, a lo mejor debéis buscar a algún especialista que os ayude a aprender a hablar con asertividad o a escucharlas sin que causen dolor. Hay personas a las que les cuesta hablar y personas a las que les cuesta escuchar. Y hay personas a las que les cuestan las dos cosas… Pero es necesario hablar los problemas, y también escucharlos para entenderlos.


6. Aprende a pedir perdón

Quien pide disculpas reconoce el error, admite la herida causada y pone al otro por delante de su yo y de su orgullo, para mostrar perdón de corazón. No vale un perdón artificial y con poca convicción.

En ocasiones es normal que pienses que es el otro el que tiene que pedir perdón, y no tú. Pero seguro que, en la discusión, en la conversación o en tu reacción también has cometido errores, así que no te preocupe quién tiene más razón o quién debe pedir perdón primero: tener razón no es tan importante. Estar unidos, sí. Así que pide perdón, porque aprender a pedir perdón y a perdonar es el primer paso de aprender a querer.


7. No pierdas la ocasión de tender puentes

Una vez que te has puesto en el lugar del otro, has hablado las cosas y os habéis pedido perdón, todavía quedan heridas que tienen que cicatrizar. Para curarlas será necesario que pase el tiempo. Y durante ese tiempo habrá que ir tendiendo puentes entre los dos.

Se tienden puentes cuando se lanzan mensajes positivos al otro, cuando se tienen detalles de cariño, cuando se vuelve a buscar esa mirada, esa sonrisa o esa complicidad que ha quedado temporalmente derruida. Y así, sobre las ruinas, se empieza a construir un nuevo puente que hace volver a renacer los sentimientos. Y entonces se da el fenómeno imán: pasa de ser polos que se repelen a dar la vuelta, y ser polos que vuelven a atraerse. Parece magia, pero es solo darle la vuelta a lo que ya existe. Nada más.


8. Busca soluciones

Cuando se han hablado bien las cosas, cuando te has puesto en su lugar y ves las cosas más objetivas, cuando ya se ha recuperado por lo menos alguno de los puentes de unión entre los dos, entonces es el momento de buscar soluciones. Esas soluciones pueden estar dentro, o pueden incluso buscarse fuera, de manos de un experto.

No hay que tener miedo a los terapeutas o a los amigos para pedir ayuda y que os echen una mano si la necesitáis. Cuanto antes mejor, porque a veces cuando se va ya hay tantas heridas y tantos puentes rotos que es muy complicado volver a reestablecerlos. Cuanto antes, mejor. Sin miedo.


9. Olvida de verdad

Una vez perdonado, olvidar. No vale lo de “yo perdono, pero no olvido”. Perdonar de verdad es olvidar. Perdonar es un acto puntual de la voluntad, pero olvidar es una acción a largo plazo, es un hábito, que requiere volver a perdonar cada vez que vuelva el recuerdo de esa palabra dicha a destiempo o de esa acción desafortunada que abrió la herida. El que olvida no reprocha, no restriega, no vuelve a hurgar en la herida. El que perdona, olvida y ya. Nada más.


10. Vuelve a empezar

Ya están puestos los cimientos de la casa: ahora hay que volver a construir. Y tenéis que construir entre los dos, pero ahora con la experiencia de la crisis vivida, y evitando cometer los mismos errores que antes. Por eso, si volvéis a construir la relación cuando se ha pasado una crisis, lo que se construye es mejor que antes.


* * *


Puede haber cicatrices de la crisis anterior, pero como ya os habréis perdonado y lo habréis olvidado, ya solo tocará volver a perdonar, cuando vuelvan a llegar los recuerdos. Y ya está. Y, además, os habrá servido para conocer mejor el uno al otro y para saber qué cosas, y en qué momentos, son las que terminan minando vuestra relación. Y las evitarás en adelante. Y así hasta la siguiente discusión. Y volver a perdonar, y volver a olvidar, y volver a empezar. Una vez y siempre.


Fernando Poveda

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