Vuelve a enamorarte

Del «estoy enamorado» al «ya no siento nada» – ida y vuelta

Me casé muy enamorada, pero es que ahora… ahora yo ya no siento nada.” Me lo decía alguien hace unos meses. Y no me sonó a nuevo. Es una frase que he oído muchas veces. Se repite en diferentes bocas, y con diferentes palabras, pero siempre con un mismo mensaje. Es un mensaje que suena a derrota; suena a que no hay vuelta atrás. Pero yo insisto en que ese sentimiento puede volver. Lo que pasa es que hay que sabe cómo conseguir que vuelva.

05 de agosto 2021

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“Me casé muy enamorada” – me dijo. Me lo decía como con pena, pero se le encendían los ojos cuando lo pensaba. – “muy enamorada” – insistió. Y sonreía cuando lo decía – “Pero luego fueron viniendo los años, los niños, el trabajo, el estrés…. Las cosas fueron cambiando. Ahora la vida no es igual. Nos llevamos bien… pero ya no es igual. Ahora yo ya no siento nada.”

Me lo decía alguien hace unos meses. Esta historia la he oído muchas veces. Muchos se acercan y me lo dicen. Y piensan (y lo dicen) eso del “ya nunca será igual”. Y entonces yo pienso que ese sentimiento puede volver. Es un sentimiento que va y viene. Eso no es el amor. El amor no es un sentimiento. O por lo menos no es solo un sentimiento. Su base no puede ser una explosión de fuegos artificiales que pasan rápido, con mucho ruido y mucha luz… y mucha ilusión… pero que ya pasan y nunca vuelven. Es verdad que quizás no vuelvan del mismo modo. Porque no tienen tanto fuego, pero sí pueden tener mucho más calor. Es como el fuego de una hoguera, que cuando calienta de verdad es cuando está oculto, incandescente.

Y es que para mí el amor tiene tres bases sobre las que se asienta: Sentimiento, inteligencia y voluntad. Las tres son importantes. Las tres se complementan. Las tres hay que tenerlas en cuenta, pero no por eso cuentan igual.

El sentimiento suele ser el inicio del amor: la chispa. Es el enamoramiento. Es cuando surgen las famosas mariposas en el estómago. Es soñar con la persona amada. Es comerse el mundo juntos. Es viajar y disfrutar de la compañía del otro. Es no querer separarse nunca. Es abrazarse y mirar juntos una puesta de sol. El enamoramiento es puro sentimiento. Es el sentimiento del amor, que surge a veces sin esperarlo, pero que puede desaparecer con la misma velocidad. Pero el amor no es un sentimiento. Tiene sentimiento, pero no es solo sentimiento.

La inteligencia es también una de las bases del amor. La inteligencia nos hace ver en el otro las cualidades que nos complementan y que admiramos. Nos hace ver que, si miramos a largo plazo, podemos plantearnos una vida juntos. Porque vemos que es alguien con el que podemos gestionar los malos momentos juntos, porque hay sintonía, porque hay «feeling». Y porque también miramos al futuro y vemos un proyecto de familia común: creemos que el otro sí puede ser un buen padre o madre de nuestros hijos y porque sí intuimos que será alguien con quien podemos ser felices toda la vida.

Y la tercera base del amor es la voluntad: el amor es, en el fondo, una decisión. Es un acto de nuestra voluntad libre, que, complementada por la inteligencia y apoyada en un sentimiento se decanta firmemente por el otro. De este modo la voluntad pasa a ser la más importante de las tres. Porque los sentimientos van a cambiar con el paso del tiempo; porque los verás subir y bajar (sí, subir también, verás cómo llegan a ser mejores y más calurosos que al principio); porque si basamos el amor en el sentimiento terminará cayendo. Y llegará eso del “ya no siento nada”. Y entonces ese sentimiento enamoradizo del principio que no era real, que era como un espejismo, se vuelve del revés. Y todo parece imposible. Y ahora – también ahora como al principio – es eso: un espejismo. En este caso, un espejismo negativo.

Por lo tanto, ¿los sentimientos son buenos? – Sin duda. Los sentimientos son buenos, positivos y fundamentales. Pero, ¿son la base del amor? – No. Decididamente, no. Lo importante es tu voluntad de luchar cuando hayan muerto todas las mariposas que había en el estómago y cuando parezca que se te indigeste hasta una taza de manzanilla. Y entonces es el momento de volver a buscar ese amor que está debajo, en el rescoldo, para reavivar la llama.

Y ¿sabes una cosa? Te sorprenderás con el tiempo del fuego que había ahí debajo. Escondido. Esperando a un nuevo soplido de la voluntad y de la inteligencia, para sacar de los obstáculos nuevos momentos maravillosos de amor. Te aseguro que, si sabes cómo, si te esfuerzas en buscar las necesidades del otro, si quieres querer, si quieres volver a enamorarte, muy probablemente lo consigas. No pienses que es tan difícil. Depende principalmente de ti. No del otro. Está en tu mano. Está en tu mano mucho más de lo que imaginas.

Y entonces me dirás “Me casé enamorada. Muy enamorada. Pero luego fueron viniendo los años, los niños, el trabajo, el estrés…. Las cosas fueron cambiando. Pasamos por momentos buenos y momentos menos buenos. Y ahora la vida no es igual... En realidad, es mucho mejor. Cuando luchas y buscas hacer feliz al otro terminas volviéndote a enamorar, con un fuego profundo. Menos vistoso, pero que da mucho más calor. Un calor que no es comparable al sentimiento, porque está basado en la voluntad”.




Fernando Poveda

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