Te he dicho “te perdono” pero en realidad… (las tres caras del perdón)

Cuando no se quiere perdonar, ni se intenta, ni se lucha por el perdón en una relación, creo que podemos estar ante una de las manifestaciones más claras de una crisis de pareja. Por eso pienso que es fundamental aprender a vivir el perdón. Pero el perdón en su totalidad. Con todas sus facetas. Y es que el perdón tiene tres pasos: Pedir perdón, perdonar y olvidar.

17 de octubre 2020

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A lo largo de la historia los grandes líderes hablan del perdón. ¿Te has fijado? Perdonar, siempre perdonar: “Los débiles nunca pueden perdonar. El perdón es el atributo de los fuertes” (Mahatma Gandhi); “El perdón es la fragancia que la violeta arroja sobre el talón de aquel que la ha aplastado” (Mark Twain). “El perdón no es un acto ocasional, es una actitud constante” (Martin Luther King); “Perdonar significa perdonar lo imperdonable” (G.K. Chesterton). Y es que el perdón es crucial en la vida, y sobre todo en la pareja.

El otro día me preguntaban cómo se sabe si estamos ante una crisis de pareja y me tocó pensar antes de contestar. La verdad es que en una relación todos pasamos por tantas pequeñas discusiones, por malas rachas y por momentos buenos y no tan buenos, que me preguntaba ¿cómo se sabe que esta vez es algo más serio? Le di vueltas y pensé que una de las características (no la única) es el perdón.

Cuántas veces tras una discusión, una bronca, un momento de tensión, la única salida es el perdón. Uno pide perdón, el otro perdona… y los dos olvidan. Cuando no se quiere perdonar, ni se intenta, ni se lucha por el perdón en una relación, creo que podemos estar ante una de las manifestaciones más claras de una crisis de pareja. Por eso pienso que es fundamental aprender a vivir el perdón. Pero el perdón en su totalidad. Con todas sus facetas. Y es que el perdón tiene tres pasos: Pedir perdón, perdonar y olvidar.

Paso 1: Pedir Perdón. Genial. Ahí lo vemos claro. Hay que pedir perdón. Más claro que el agua. - ¿Ah, sí? Pues no te creas… Por ejemplo, ¿quién tiene que pedir perdón de los dos? – Eso está claro: el que ha hecho o dicho lo que no debía. El que ha herido al otro. Hummm – pues no lo tengo tan claro. En muchas discusiones los dos piensan que es el otro el que se ha pasado de la raya. Es el otro el que ha dicho algo de más. O por lo menos el que empezó. ¿No os pasa con los niños en casa? ¿Tú qué le has dicho? – Es que él me dijo que … – pero es que ella se ha chivado de que…. La verdad es que al final nunca sabes quién empezó. Ni quién se pasó primero de la raya... Y lo que pasa con los niños nos pasa a nosotros igual.

Así que el paso uno “Pedir Perdón”, ¿Quién tiene que hacerlo? ¿Quién tiene que acercarse, “humillarse” y dar un beso, dar la mano, extender el pie bajo las sábanas y decir “Cariño, perdona”? Pues yo lo tengo claro: TÚ. ¿Cómo yo? ¡¡Pero si empezó él (o ella)!! Me da igual: TÚ. Da igual quién empezó, quién se pasó de la raya primero, quién hirió más hondo… ni siguiera quién es el que siempre da el primer paso: TÚ. Y punto. Lo importante no es quién gana, sino cuando ganan los dos. Y solo ganan los dos cuando vuelve la paz. La paz y el perdón tienen un valor mucho más grande, inmensamente más grande, que el orgullo propio.

Paso 2: Perdonar. Es el segundo paso. No es el más difícil (creo que el más difícil es pedir perdón) pero es también muy muy complicado. Nos cuesta a todos. ¿A ti no? Pues te doy la enhorabuena. Así que uno pide perdón y el otro perdona. Perdonar es excusar al otro y pensar de verdad que es mejor olvidar la “ofensa” y mirar para adelante. Pongo ofensa entre comillas, porque las ofensas casi siempre son mutuas. Ya digo que ahí no me voy a meter, porque pienso que no es lo importante.

Paso 3: Olvidar. Y el que perdona de verdad, olvida. Perdonar y no olvidar no es perdonar. Pedir perdón porque hay que pedirlo y no olvidar tampoco. Los dos piden perdón y perdonan (da igual quién hace qué) y los dos olvidan. Olvidan para siempre. Se borra. Desaparece. “¡Puff1”. Fuera. El que pidió perdón, aunque creía que era el otro quien tenía que hacerlo, olvida que era el otro el “culpable”. El que perdona lo dice y también olvida. Y los dos os abrazáis, os miráis a los ojos, sonreís y volvéis a empezar. Y lo olvidado no se guarda, no se vuelve a sacar a discusión, no se echa en cara ni se reprocha. Ya está borrado. "¡Puff!". Fuera. Ya no se puede usar. Se lo comió el gato.

Si el perdón cumple sus tres caras, es perdón de verdad. ¿Que es un reto? Puede serlo, pero también es una gozada. Una liberación. El perdón libera, descansa, nos hace más humanos y a la vez más cercanos. Creo que vale la pena. ¿Empezamos a aprender a perdonar? Pues da el primer paso. Sí, tú.

Fernando Poveda

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